No somos machos pero somos muchos: Cómo se ponen de acuerdo los microorganismos

Para muchos es obvio el día de hoy que las bacterias se comunican entre sí. Para varios es evidente cómo; para algunos pocos casos, incluso se alcanza a entender la función de los mensajes. Para nadie es aún claro cómo transcurren las conversaciones, quienes hablan en qué momento. De qué se conversa en la torre de Babel química del microambiente.


La microbiología es una disciplina que ha cambiado enormemente en los últimos años. No solamente en sus métodos, sino en sus objetivos. Hace unos 15 años, en la carrera de biología, el esfuerzo consistía en ESTUDIAR a las bacterias. Actualmente, muchos grupos de investigación y entre ellos el de Tierra de Monte, están dedicados más bien a ENTENDERLAS.


Por un lado, cada día se conoce más del lenguaje (o al menos uno de ellos) que se habla en el mundo microscópico: el Quorum-Sensing. Este idioma consiste en la liberación de sustancias, llamadas autoinductores, que al alcanzar una concentración umbral detonan cambios de comportamiento genético en los receptores, de manera concertada.


Especies como Vibrio parahaemolyticus o Pseudomonas aeruginosa utilizan este sistema para saber en qué momento resulta conveniente actuar como patógeno; cuando eres 100 veces más chiquito que el siguiente organismo que te sucede en tamaño, es indispensable contar con ayuda para echar montón. Básicamente, en la lógica de “no somos machos, pero somos muchos”, es muy importante saber cuándo “somos muchos”.


Pero el Quorum-Sensing es mucho más que eso. Investigaciones recientes demuestran que las señales pueden ser tomadas por organismos de especies distintas, haciendo que la regulación individual provenga de un juego entre las concentraciones de autoinductores diferentes, y hasta antagónicos.


Por otro lado, las técnicas de secuenciación de organismos no cultivables ha permitido observar grupos enteros de microorganismos que han perdido las que se consideraban funciones mínimas de supervivencia lo que significa que son “colaboradores obligados”. Es decir, son microorganismos que sólo pueden sobrevivir gracias a donaciones o intercambio bioquímico con otros y eso sólo se logra si constante se están hablando unos a otros


Estas dos piezas, lejos de rellenar el rompecabezas del comportamiento bacteriano, rompen con muchos paradigmas que hace décadas, cuando nosotros estudiábamos la carrera, se acercaban peligrosamente a ser dogmas. La combinación de ambas demuestra que estamos mucho más lejos de lo que creíamos de entender el Babel que ocurre en cada gramo de suelo o cada tortilla que se queda demasiado tiempo en el fondo del tortillero.

En Tierra de Monte trabajamos para entender cómo los mensajes entre bacterias modifican su comportamiento de antagónico a cooperativo, para restablecer el equilibrio entre las poblaciones no peleando con ellas, sino hablándoles en sus términos.
Al final, una gota de miel atrae más que una gota de hiel.





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