La Resistencia Indígena… también ante el Cambio Climático

Independientemente de su origen o causa, es evidente que el clima está cambiando. Las estaciones con sus ciclos de lluvia, frío y calor están cambiando también. La agricultura, que depende de dichos ciclos, se enfrenta a retos inéditos para seguir alimentando al mundo.

Como se dice, el clima está muy loco y se pone peor. Debido a esto, las medidas de ingeniería que hasta ahora nos ofrecían los países industrializados son insuficientes. A medida que esto se hace dolorosamente evidente, los académicos del Gran Norte han cambiado su discurso apuntando a la necesidad de trabajar sobre desarrollo de capacidades de los productores y no sólo sobre productos o tecnologías.

La idea es construir sistemas socioambientales que se adapten y que sean capaces de administrar el riesgo y la vulnerabilidad a través de ajustes en sus componentes ecológicos, económicos y sociales.

Después de varios descalabros para impulsar dichos ajustes desde las grandes instituciones, investigadores de la ramas económicas, ecológicas y sociales comenzaron a explorar una innovadora forma de gobernanza ambiental llamada Co-Manejo Adaptativo el cual se define como “el proceso por el cual arreglos institucionales y conocimiento ecológico son puestos a prueba continuamente en un proceso auto organizado de aprender haciendo”. ¿De que se trata?

Pues de construir redes de personas con diferentes roles dentro de la comunidad para tomar decisiones conjuntas e iniciar acciones donde lo importante es el aprendizaje ajustando en el camino por prueba y error. Se ha visto que estos generan sobretodo confianza y conocimiento según los principios de:

  • Pluralismo y comunicación
  • Toma de decisiones y autoridad compartida
  • Redes, niveles y autonomía
  • Aprendizaje y adaptación

… parece que encontraron el hilo negro pero… ¡SORPRESA!… muchos ya se les habían adelantado en la idea por unos cuantos cientos de años.

De manera intuitiva muchos coincidimos que muchos pueblos originarios han convivido de manera íntima con la naturaleza por lo que han desarrollando prácticas y sistemas de pensamiento que se adaptan a los cambios de su entorno para mantener la diversidad y abundancia de su territorio a través de la colaboración no sólo de diferentes sectores y actores de sus sociedades sino con los demás entes naturales.

En este sentido, la FAO apoya dicha visión al asegurar que “Los pueblos indígenas pueden aportar soluciones para la seguridad alimentaria y el cambio climático” :

A través de costumbres y tradiciones que conjuntan conocimientos, prácticas, “recursos” genéticos, enseñanzas y sobre todo de mecanismos de acción colectiva, han creado – y siguen creando –  tecnologías apropiadas y pertinentes que evolucionan con la sociedad y con el entorno y que hoy guardan el potencial de ayudarnos a afrontar una crisis que parece conducirnos al borde del abismo.

Esto viene a cuento porque este año, el Día Mundial de la Alimentación trata precisamente de la adaptación a la agricultura a los cambios climáticos y en los pueblos indígenas encontramos grandes maestros.

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Los pueblos originarios se aliaron con diversas especies en las que favorecieron los rasgos más apropiados para el clima, el relieve, el suelo de cada lugar, resistencia a sequías o a inundaciones, al calor o al frío, al viento, a la salinidad.  Ahí están las  más de 50 razas de maíz criollo de nuestro México como ejemplo.

La observación íntima de las relaciones de la naturaleza, de sus arreglos y preferencias les permitió optimizar el territorio, la energía y reponer la fertilidad del suelo favoreciendo la diversidad de especies que resulta en un dieta rica y apropiada para cada época del año como el Tlacolol de Guerrero y el Kool de la Península de Yucatán donde se han encontrado hasta cien especies de plantas en un solo huerto maya.

Así, los pueblos indígenas usan más de seis mil especies de plantas y animales, domesticadas y silvestres, como medicina, alimento, bebida y para otros fines… ¿cuantas variedades de jitomate podemos nombrar nosotros? ¿y que va a pasar cuando esas variedades ya no aguanten las condiciones climáticas?

Con respecto a la desertificación, una de las mayores preocupaciones en un escenario de cambio climático, los sistemas instituciones locales robustecen y agilizan la evaluación y la adaptación de éstas a un entorno cambiante; es decir, hay muchos ojos y manos observando, probando, aprendiendo y compartiendo.

Dicha forma de organización se ha traducido en las milpa-cactáceas columnares en el Valle de Tehuacán, el huamil en Guanajuato y los oasis de la Península de Baja California donde las comunidades indígenas encontraron la manera de cosechar agua, retener el suelo y explotar la diversidad (en el sentido de explosión y no de explotación) en un ambiente en apariencia agreste. En los parajes áridos, éstas comunidades se aliaron con especies como los mezquites que “llaman al agua”, proporcionan sombra, leña y forraje y como el maguey de potrero (Agave scaposa) que evita la erosión y es hábitat de especies de gusanos comestibles muy valoradas. Otro ejemplo de alta trascendencia en este sentido es el metepantle (“espacio entre” o “pared de magueyes”) que a través de un sistema de terrazas ayuda a mantener el suelo, la fertilidad, la humedad y a disminuir el efecto de las heladas en territorios donde las tierras de laderas pronunciadas, las zonas secas con largas estaciones sin precipitación y bajas temperaturas en algunas épocas del año han supuesto un reto importante para los habitantes de la región desde hace 3000 años.

El secreto de su sostenibilidad se basa en relacionar los intereses sociales y económicos de la gente local con la conservación del territorio. Es útil y funciona porque:

1)  Es adaptable, flexible y se puede aprender

2)  Produce y toma conocimiento de diversas fuentes

3)  Facilita la transparencia en las intenciones y en el uso de recursos y

4) Sobre todo, aterriza un sistema en el cuál la reciprocidad y la complementariedad son la forma natural de existir y que ha evolucionado con el territorio.

Bajo esta óptica, no es necesario encontrar el hilo negro, ni reinventar la rueda, sólo crear mecanismos para escuchar a los que ya tienen este camino andado antes de que la magnitud de los riesgos futuros supere la capacidad de adaptación que les permitió, primero florecer y luego sobrevivir a la larga noche de los 500 años.

La buena noticia es que estamos adoptando perspectivas similares y desde el Co-Manejo Adaptativo combinado con los conocimientos tradicionales podemos iniciar una conversación donde nos entendamos todos para enfrentar lo que se nos ponga enfrente.

 

Para saber más o conocer las referencias de éste artículo escribe a contacto@tierrademonte.com

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